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Sobre la FELICIDAD |
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| ¿Qué
proporciona mayor placer? Luis Mª Sánchez Rubio domingo, 16 de noviembre de 2003 14:45 Esto prometía y se
ponía interesante, pero las voces han cesado y me
encuentro sumido en un mar de dudas pues no se si hacerle
caso a Eliseo o a José Luis, por muy abalado que venga
por Platón. Y le digo a "nuestro joven
profesor" ¿por qué no les demuestras que el
mayor placer lo proporciona la contemplación de un
cuadro o de una escultura o un montón de piedras bella y
armónicamente (¿estéticamente?) articuladas? Pero me
gustaría que también terciara Arturo y nos descubriera
que tal vez el mayor placer está en dejarse seducir por
esas montañas de nuestro (suyo y mío) Pirineo y
descubrir que la nieve también es cálida y amorosa. |
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| Arturo Bosque 17 domingo, 16 de noviembre de 2003 19:53 El hecho de ser mayor
tiene sus ventajas. Uno ha podido
experimentar muchos caminos: ha descartado unos, ha
elegido otros. Se ha equivocado muchas veces y ha vuelto
a empezar otras tantas. Eso constituye algo que se
condensa en una sóla palabra: experiencia. Pero, claro,
la experiencia es personal e intransferible. Así que mal
lo tienes, amigo Luis Mª, para que nadie te convenza de
nada. |
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| lunes,
17 de noviembre de 2003 0:35 Luis Mª Sánchez Rubio Muy bien Arturo, vamos elevando el tono. Estamos de acuerdo en que se trata "De beatitudo" (¿ no lo deciais asi en el Seminario? Se lo preguntaremos a Pepe Ortiz) Buenas noches, esto no ha hecho nada mas que empezar. |
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| José
Luis Félez Soriano 18 de noviembre de 2003 13:31
¡Hola, Arturo! Ahí te adjunto, para tu solaz, otra Salve Regina, muy distinta de la otra, aunque ambas muy hermosas. Esta, en gregoriano. ¡Lástima no se pueda añadir de fondo! ¿Ves? al igual que ambas son Salves, al igual que ambas son hermosas, al igual que ambas producen gozo, placer, son totalmente distintas, si exceptuamos la letra. Eso es lo que quise responderle a Eliseo y que, según su respuesta, no me interpretó bien Luis Mª. Incluso yo señalo que "ambas -escritura y voz- y otras muchas más", como la seducción del Pirineo, el calor de la nieve, una mesa rodeada de amigos ante un buen vaso de vino, un cuadro, una escultura, etc., etc., todo ello puede proporcionar un placer inmenso e incluso único a aquel que lo disfruta llevándolo a cabo y es el placer, amigo Arturo, una forma de Felicidad como la felicidad es una forma de Placer. Ambas son subjetivas y aunque no carecen de definición (Placer: agradar o dar gusto; Felicidad: estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien), ninguna de las dos señala objeto que las produzca ni, por supuesto, sujeto qaue las disfrute, aunque, para ser, necesitan de él. Con todo y ante todo, y TODOS, estamos capacitados para sentir Placer y Felicidad. No todos con lo mismo ni todos con la misma intensidad. De ahí que cada cual nos regocijemos con lo nuestro. Los recuerdos... los recuerdos son algo que cada vez, producto de la edad, se van haciendo más patentes en nosotros y de ellos o con ellos, aunque no solo de ellos, vamos viviendo. Y que sea por muchos años. |
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| Rafael
Cervera Perez jueves, 27 de noviembre de 2003 23:11 Veamos que tal os parece mi
aportación a la pregunta sobre "qué es la
felicidad". Pero antes quiero dar la bienvenida a
Julian de Marco "el Chicha", a Roque y a
Delso... .-Estado de ánimo que se complace
en la posesión de un bien. |
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| Arturo
Bosque 2 de diciembre de 2003 0:22 Aunque fui quien
transformó la pregunta "¿Qué proporciona
mayor placer?", hecha por Luis María Sánchez
en "¿Qué es la felicidad?", me
arrepiento de mi "hazaña". Y es porque, al
final, a lo único que voy a poder aspirar es a contestar
a la primera. Es como si me hubiese puesto en un
berenjenal sin que nadie me llamara. Pero, claro, al
haber planteado el desafío, tengo que "mojarme".
Lo primero que hice es intentar recordar qué era beatitudo
que nos decía Luis María en su mensaje. El significado
de felicidad no fue necesario buscarlo porque
Rafael nos dio toda una cadena de definiciones. Con estas
dos palabras puestas en el Google me apareció este
artículo: http://www.mercaba.org/Filosofia/felicidad.htm Como
veréis, si tenéis la paciencia de leerlo, es todo un
tratado filosófico sobre la felicidad, incluidas todas
sus concepciones históricas. |
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| José
Luis Félez Soriano 28 de diciembre de 2003 0:21 NUESTRA
FELICIDAD
Un prestigioso psiquiatra tiene publicado un libro en
forma de pequeño ensayo, del cual transcribo
literalmente su dedicatoria, pues ilustrará de una forma
concluyente el tema que nos sirve de foro, debate o
intercambio de ideas. Dice así:
Dedico este libro a los hombres y a las mujeres que
se maravillan ante la enormidad de las altas montañas,
se fascinan ante el poder de los mares tempestuosos o se
extasían ante la grandeza del firmamento en una noche
clara, pero pasan luego de largo, sin sorprenderse, ante
ellos mismos y sus compañeros de especie.
Es de gran envergadura el tema que estamos tratando, ya
que por mucha objetividad que pongamos al manifestar
nuestro parecer, siempre seremos bastante parciales, pues
otra cosa resultaría harto imposible, dado el carácter
intrínsecamente subjetivo de la felicidad.
La realidad es clara: hoy (y quizás siempre), el hombre
ansía ser feliz y coloca sus ilusiones en gozar de buena
salud y sentirse bien interiormente. La bonanza
económica y psíquica parece ser nuestra meta, traducida
en una mejora laboral, en el triunfo de nuestro equipo,
en la tranquilidad de ánimo, en el coche o
electrodoméstico más innovador, en la lotería, etc.
Conforman todas estas cosas las pequeñas alegrías que
llenan nuestra vida, forma próxima, por cierto, al
sin-sentido. Y así pasan los días, los meses, los años
sin otra esperanza mayor. A lo sumo, y no es poco, se
amplía el deseo del bienestar (¡otra vez la
materialidad de nuestras aspiraciones!) a nuestros
padres, hermanos, cónyuges, hijos, nietos... pero
formando parte de las ilusiones y anhelos antes citados.
En definitiva, nos movemos en un círculo egocentrista y
material, por otra parte no rechazable. Y es este
presente gratificante lo que nos hincha de felicidad.
Presente que inmediatamente se hace pasado y de ahí el
sentimiento feliz. La dicha que habrá de venir no nos
hace vibrar: gozamos lo pasado al comprobar que nos ha
hecho felices, mientras dudamos que lleguemos a serlo por
lo que está por venir.
Solo si salimos de esta esfera nos daremos cuenta de que
formamos parte de algo mucho más grande y llegaremos a
amar a nuestros semejantes tal y como son. Pero no
deduzcamos de esto que hemos de alejarnos de los avances
de todo tipo y de los placeres o alegrías, por pequeños
que sean, si placer o alegría nos proporcionan. Lo que
nosotros estamos haciendo en estos instantes,
relacionarnos con prácticamente el universo entero y que
todos puedan participar y enterarse de estas ideas más o
menos acertadas o convincentes, es algo estremecedor que
estamos obligados a disfrutar.
Estas relaciones humanas, por otra parte, contribuyen a
que nos sintamos menos solos o, mejor, más
acompañados. Y curiosamente, es en el dolor, en los
momentos difíciles cuando la proximidad, la amistad, el
amor entre los humanos crece con más naturalidad y
fortaleza. Y nos hace felices. No podemos negar que un
estado anímico de sosiego, de serenidad, nos produce paz
interior. Cuanto más y mayor sea la intensidad emocional
más placer o felicidad encontraremos.
Es imprescindible, para alcanzar la felicidad o los
momentos más o menos largos, estables y frecuentes una
buena dosis de optimismo. No nos pase como a aquel
gilipollas que se presentó a un concurso de gilipollas y
quedó el segundo por gilipollas. Y
debemos tener en cuenta que la subjetividad es
inevitable; que quien sea feliz con una cosa, otro no lo
será o viceversa, afirmación que creo irrebatible y que
lleva a una conclusión: no son las cosas, los
acontecimientos, los lugares, las personas quienes dan o
quitan la felicidad, sino nosotros mismos y nuestros
sentimientos.
La felicidad, en fin, como dice Julián Marías es
una extraña realidad buscada y rara vez hallada por el
hombre para quien es un imposible necesario: no podemos
renunciar a ella, pero, por lo menos en la Tierra, es
imposible.
La felicidad es un estado de ánimo transitorio que
responde a algo concreto. Pero siempre es más o menos
fugaz, ya que si ese estado fuera permanente decaería su
intensidad y, por ende, nuestro deleite. Pero hay que
esforzarse en ser razonablemente exigente con ese estado
y situar nuestros anhelos en aquello que, aun con
esfuerzo, está a nuestro alcance. Si nos regocijamos
yendo hacia la cumbre, la satisfacción durará más si
vamos por las escaleras que si usamos el ascensor. Y
tener siempre presente que obtener lo que queremos es tan
importante como apreciar lo que tenemos. Estas sanas
inquietudes en busca de la felicidad son fiel reflejo de
un estado de ánimo que se emociona con sus ansias de
vivir y ve facilitado el camino para comunicarse con los
demás, ampliando sus perspectivas de dicha.
¿Qué entendemos por calidad de vida y qué esperamos de
ella? ¿Acaso no es un vehículo que facilita la
felicidad? ¿Acaso no se siente más dichoso, más feliz,
un habitante del mundo civilizado a otro del tercer
mundo? ¿Qué los diferencia? Nada, en tanto que
personas. Totalmente diferentes en lo que les rodea:
salud, hambre, vivienda, educación, diversión,
comunicación, seguridad, justicia, etc., etc. ¿Hacemos
balance del grado de felicidad entre un africano y un
europeo? (Aprovecho el reciente y catastrófico terremoto
de Irán comparándolo con el levísimamente inferior en
intensidad de California: más de 20.000 muertos, contra
dos). Todo lo
que el cuerpo humano es capaz de llevar a cabo encierra
la posibilidad de producir complacencia, especialmente si
nos esforzamos en conocer y fomentar las sensaciones del
mismo. Por tanto, todas las cosas que elevan el nivel de
vida son contributivas a nuestra felicidad, por europeos,
que no alcanzan al tercermundista que carece de ello. Si
bien la calidad de vida, el bienestar del cuerpo nos
provoca un sentimiento de felicidad, tampoco se puede
negar que la espiritualidad de nuestros sentimientos y
criterios hacia nosotros mismos y hacia los demás la
enriquecerán y fortalecerán. Porque en el fondo el
cuerpo sin el alma es un cuerpo mutilado de igual modo
que el alma sin el cuerpo es un alma incompleta. Es el
sentimiento espiritual lo que enaltece nuestros impulsos
y nos induce a aplicarlos a causas con gran carga de
altruismo o generosidad, grupos, ONGs, actividad
social, etc. Y
pasando a un estado más profundo, llegamos a la
religiosidad. Y es este factor, junto a la salud, el que
mejor y más alienta el bienestar, la felicidad, pues no
hay que dudar de que la fe en un ser superior permite
soportar mejor los traumas que nos trae la vida. Y en
esta situación llegamos a tener la convicción de que
nuestra vida pasó a tener sentido y que el amor al
prójimo y nuestra paz interior es lo que de verdad
importa y produce un grado mayor, más intenso de
felicidad, ya que la tarea diaria de convivir en paz los
unos con los otros es un gran negocio; y la generosidad
en nuestras relaciones con los demás es una gran fuente
de paz. Negocio, paz, bienestar, felicidad, todo nos
viene dado consecuentemente al gozo de proporcionárselo
a su vez a los demás, porque compartir nuestra felicidad
con los demás está implícito en la misma felicidad,
sin heroicidades ni grandes gestos: tener siempre ante la
vista que los goces más sencillos son los que nos ayudan
a disfrutar el día a día.
Todo esto será un botín personal del que siempre
podremos disfrutar y cada vez más, ya que a medida que
el futuro se va abreviando, el pasado encuentra su
extensión, su valor.
Debemos ser constantes en la búsqueda de la felicidad
usando alguno de los remedios expuestos. Con fe y sobre
todo con paciencia, pues si mucho nos cuesta andar,
hablar y amar, ¿cuánto más no nos costará alcanzar la
felicidad? Probablemente toda nuestra existencia.
No sería mala esta máxima en nuestra vida: He
decidido ser feliz porque, además, es bueno para la
salud.
O esta definición que de la felicidad hizo un niño de
cuatro años: Hablar, reírse y dar besos.
José-Luis Félez Soriano Para
quien lea estas palabras, esté o no de acuerdo, en todo
o en parte, mis más sinceros deseos de FELICIDAD para
este próximo año de 2004. |
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