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Arturo Bosque
¿Descendemos o no, del mono?  
Me gustan los monos, pero en la selva

Eliseo Bayo Poblador
martes, 20 de enero de 2004

Querido Arturo:

Estoy leyendo con gran interés – y deleite- los diálogos socráticos que te traes con José Luis. Quiero meterme en el asunto y lo haré tan pronto como regrese de un viaje que emprendo dentro de dos horas (llegué ayer de otro).

Ah, no. Puedes aducir cualquier defensa del pensamiento científico, pero hay que tener mucho cuidado con los fraudes cometidos por algunos llamados científicos. (Hay un libro extraordinario sobre los fraudes de los científicos, desde Galileo hasta un montón de premios Nobel, te enviaré la ficha). Ahora sólo me interesa con mi "Ah, no", salir al paso de cualquier pretensión científica de la evolución humana "a partir del mono". El hombre puede ser obra de cualquier "cosa" – Dios o Diablo-, pero desde luego no lo es del mono. Darwin ( agente secreto inglés, como la mayoría de los científicos ingleses: Newton, Adam Smith, Malthus y "tutti quanti") demostró algunas cosas interesantes sobre la evolución de las especies y la selección natural, pero no demostró ( ni era su propósito) que el hombre fuera producto de la evolución a partir del mono. Sí lo intentó aquel monstruo de la vanidad, la pedantería y el embrollo llamado Heckel. Hay tres "pequeños" obstáculos para lograr la "conexión" del hombre con el mono: el opositor del pulgar, la inclinación del agujero occipital, la apófisis y la frontalización y neo corteza cerebral. No hay "eslabones perdidos". Simplemente no hay forma de pasar de tener a no tener el opositor del pulgar: son dos modelos distintos. Por si solo el agujero occipital es un desafío al transformismo. En oposición a la "lógica evolucionista" el agujero occipital en el embrión del simio está en principio inclinado de atrás hacia delante ( ¡como si estuviera encaminado a ser hombre), pero luego mientras se desarrolla el feto, ese agujero occipital bascula hacia atrás. Hay muchas razones para creer que la aceptación entusiasta del evolucionismo- teoría, simple teoría, cada vez más desacreditada- fue en primer lugar la respuesta de los intelectuales de moda a los dogmas ( que eran evidentemente tan falsos como lo que se pretendió alzar en contra de ellos)

Sinceramente no solo no creo en la procedencia simiesca del hombre, sino que me siento tentado a pensar que esas teorías que pretenden avalarla son además de un fraude científico una propuesta política. En definitiva sólo descenderían de los monos los que crean firmemente que así es. Y también es verdad que muchos hombres van camino de convertirse en monos. Es más, creo que la inmensa mayoría de la población humana ya es un claro ejemplo de que en efecto este es el planeta de los simios. Lo asombroso es que mucha gente valiosísima y dotada de un gran rigor intelectual, como mi querido y muy respetado Arturo, conceda algún valor al nombre de aquellos miserables espías ingleses que no han hecho otra cosa que arruinar el mundo y la cultura, inventando patrañas una tras otra.

Dicho todo con el mayor cariño. Prometo ser más serio en la próxima. Un abrazo a todos.

Arturo Bosque Foz
viernes, 23 de enero de 2004

¡Novum filum habemus! No nos podemos quejar. Este es el tercer hilo de discusión que se abre: ¿Descendemos o no del mono? Antes ya teníamos en danza: La Felicidad y Fe y Razón.

Antes de entrar en materia dos asuntos.

1.- Me operé de la hernia y ya estoy en casa. Remiendo terminado y adelante.
2.- Cuando llegué del hospital tenía una llamada de Eliseo avisándome que había desaparecido nuestra revista electrónica de Internet. En efecto, intenté entrar y no pude. Envié un mensaje al servidor Miarroba, que es donde tenemos la página y, esperando que me contestaran, hablé con José Luis diciendole el problema pero el comprobó que podía entrar. Inmediatamente lo intenté yo y...también pude. O sea, Eliseo, creo que se ha normalizado la situación.

Y ahora vamos al grano.¿Descendemos o no del mono?. ¡Hombre, dicho así! Si yo me imagino un mono saltarín  que va de un árbol a otro, inquieto, nervioso, que lo mismo se sujeta en las ramas con su rabo como con una pata trasera o con una pata delantera... la verdad es que ni se me ocurriría pensarlo. Pero si veo jugar una cría de gorila o chimpancé y, aparte, veo jugar a un niño... ya empezaría a tener mis dudas. Y si comienzo a informarme ocurre que cuanto más me informo, más me convenzo que tanto el gorila o el chimpancé como el hombre proceden de un tronco común: la superfamila de Hominoides. Posteriormente te enteras que se diferenciaron en dos familias: Póngidos (chimpancé, gorila y orangután) y Homínidos. En este sentido el gorila o el chimpancé  y nosotros somos primos en la evolución.

La familia de los Homínidos es muy variada pero de ella surge el género Homo con dos especies: Homo sapiens neandertalensis  (Hombre de Neandertal) y Homo sapiens sapiens, que somos nosotros.  Y el salto de los primeros Homínidos al Homo sapiens sapiens no ha sido de la noche a la mañana. Desde el Ardipithecus ramidus, que puede considerarse de los primeros Homínidos al Homo sapiens primitivo transcurrieron 4 millones de años. En este periodo tan largo de tiempo se produce el proceso de hominización en el que entra lo que dice Eliseo del dedo pulgar opositor, la inclinación del agujero occipital, la apófisis y la frontalización y neo corteza cerebral y otros como el bipedismo, la liberación de la mano que deja de ser pata, el aumento del tamaño del cerebro, el incremento de la capacidad técnica, el incremento de la capacidad simbólica, el lenguaje articulado o la autoconciencia. Sólo hay que hacer un recorrido desde el Ardipithecus ramidus, antes citado, muy parecido al chimpancé, pero con unos dientes que empiezan a parecerse a los humanos; pasando por los australopitecus, que ya andan erguidos sobre las dos extremidades inferiores; el Homo hábilis, que tiene una capacidad craneana de 700 cm3 y que ya talla piedra; el Homo ergaster o erectus, (ergaster, en griego, trabajador) con un cráneo de 1000 cm3, que ya tiene la proporción de brazos y piernas parecidos a las nuestras, que tallan instrumentos de piedra bifaces y que dominan el fuego; el Homo antecesor, hallado en Atapuerca y que vivió hace 800.000 años con un cerebro ligeramente mayor que el Homo ergaster ; el Homo heidelbergensis con un cráneo de 1.400 cm3, del que desciende el Homo sapiens neandertalensis que ya enterraba a sus muertos, controlaba el fuego,  que sus instrumentos de piedra eran cada vez más complicados (raederas, hachas de mano, puntas de flecha, etc.) y, por fin, el Homo sapiens sapiens, que no os lo presento porque somos nosotros.

Todo esto dicho así parece una construcción mental que necesita un acto de fe, pero no es así. Cada especie tiene sus huesos hallados en excavaciones con un proceso impecable; éstos pueden verse, tocarse y analizarse;  la datación se realiza con sistemas indirectos diferentes que coinciden; se conoce qué hacían por los restos encontrados en el mismo yacimiento. La verdad es que con los datos que hay encima de la mesa (afortunadamente a través de Internet se puede acceder a infinidad de documentos) no tengo la menor duda: la evolución es incuestionable; y nosotros y los Póngidos (chimpancé, gorila y orangután) descendemos un pariente común. Si a esto se le llama descender del mono...¡descendemos del mono!

¿Fraudes? ¿Quien conoce una actividad humana en la que un "espabilado" no quiera sacar ventaja? Charles Dawson era un anticuario inglés, coleccionista y geólogo amateur. Consiguió colar en 1912 en los círculos científicos durante 4 décadas al hombre de Piltdown que no era más que un cráneo humano de no más de 50000 años y una mandíbula, adulterada para que pareciera un fósil, de un orangután actual. En 1953 fue echado a la basura mediante minuciosos análisis químicos y cristalográficos (además de que no encajaba en la secuencia evolutiva que iba apareciendo en las excavaciones).

Lo siento, algunos no descenderán del mono, los demás, sí. Aquí una amistosa sonrisa.

Un abrazo

Arturo

http://personales.mundivia.es/abosque/